Historia de las Hadas

por Julio Martinez

 

En el camino de subida a Thor, encontrarás que hay un tramito de unos treinta metros, delimitado por dos puertas, que transcurre por una especie de túnel hecho por la vegetación. Pues bien, si cuando traspasas la primera puerta tienes a bien cerrar las manos con los dedos índices extendidos hacia el suelo, al tiempo que balanceas suavemente los caídos brazos, las hadas, que al ver que alguien entra en sus dominios se habrán posado rápidamente en alguna ramita y quedado muy quietecitas observando la pinta del que llega, verán ese gesto, y entonces la más lanzada se dirigirá como un rayo a agarrarse del provocador dedo y así poder ir columpiándose.

thor

Claro que esa reacción es rápidamente imitada por muchas otras, y que la que había llegado primero tratará de impedir dando patadas y empujones a la que ose acercarse, pero ese pronto un tanto egoísta desaparecerá enseguida y entonces ya unas a otras se ayudaran para no caerse y a los pocos pasos lo que colgaran de tus dedos índices serán unos hermosos racimos de preciosísimas hadas que irán adelante y atrás acompañándote en tu tranquilo y elegante caminar.

Es el instante de empezar a canturrear una cancioncilla que acompañe tu vaivén. Será un momento importante si consigues percibirlo o en el peor de los casos solo imaginando. Cuando llegues a la puerta de salida sería bueno que, antes de abrirla, acercaras las manos a las ramas para facilitar su «desembarque» en ellas.

Por último, cuando ya vayas por el hermoso prado por el que el camino continua, no se te olvide mirar al cielo, pues lo más seguro es que veas sobre tu cabeza un enjambre de ellas que en perfecta formación habrán dibujado un corazón que te acompañará solo unos pocos pasos, pues enseguida se marcharán impulsadas por otra frenética actividad que no querrán perderse por nada del mundo, y te dejaran otra vez solo con tus pensamientos.

Ellas son así, viven para vivir.

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