Este es el camino al que siento que estoy llamada. Somos seres espirituales viviendo una experiencia terrenal, y, desde tiempos ancestrales, los dioses buscaban un propósito común: traer el cielo a la tierra.
Las pirámides, orientadas hacia el cinturón de Orión, y los templos, ubicados en puntos estratégicos que señalaban al cielo, eran mucho más que estructuras físicas. Todo estaba conectado con el cosmos: Orión, Venus, las Pléyades. Cada alineación y construcción era un reflejo de esa intención divina.
Hoy, me pregunto cómo podemos, en este siglo y en este momento crucial del planeta, recuperar esa conexión. ¿Qué actos, pensamientos o actitudes debemos adoptar para colaborar en traer el cielo a la tierra? Continuar esa labor divina, que en algún momento fue interrumpida por las sombras de la humanidad (como diría Jung), es un llamado profundo que no podemos ignorar.
Siento que ahora más que nunca estamos llamados a atravesar estas siete puertas. Estoy plasmando esta experiencia en un libro que llevo un año escribiendo: un oráculo inspirado en el evangelio de María Magdalena. Junto a una artista excepcional, estamos creando cartas que simbolizan este proceso: el camino hacia convertirnos en plenamente humanos, con todo lo que ello implica, y plenamente divinos.
Traer el cielo a la tierra no es un gesto trivial. Es el llamado más profundo de nuestra alma, un anhelo que nos impulsa porque sabe, porque recuerda. Recuerda quiénes somos, quiénes fuimos. En esta vasta existencia llamada vida, hemos nacido y vivido muchas veces. Nuestros cuerpos han muerto, pero nuestra alma permanece, recordando, integrando y transitando el eterno camino de la existencia.
Egipto me ha ayudado a recordar, y continúa siendo una guía en este viaje de reencuentro. Mis sueños me hablan, me iluminan y me acompañan, y me siento profundamente agradecida de poder transitar este sendero de conciencia. Más que nada, anhelo cumplir con el propósito al que estoy llamada, al que estamos todos llamados: honrar el propósito de nuestra alma.
Yo estoy dispuesta.
¿Y tú?
